La culpa es el peor obstáculo en tu proceso

Keny Aparicio Artículos

¡Aloha!

La gente tóxica siempre busca un culpable para justificar sus acciones, sus miedos, pereza y fracaso.

La culpa es uno de los sentimientos más negativos que puede tener el ser humano y, al mismo tiempo, una de las maneras más utilizadas para manipular a los otros. Los psicólogos establecen que la culpa es la diferencia entre lo que hice y lo que debería haber hecho, entre lo que quiero y lo que debería hacer.

La culpa es una emoción que nos paraliza, que nos impide seguir desarrollando todo el potencial que tenemos; la culpa es la venganza, bronca y boicot contra uno mismo.

Vivir con culpa es vivir con cadena perpetua. Es condenarse a vivir insatisfecho, victimizándose todo el tiempo por la vida que nos ha tocado vivir. Alguien una vez dijo esta cita que voy a mencionar y que también la he leído en uno de los libros de Bernardo Stamateas cuando estuve profundizando sobre el tema y el comportamiento de la gente tóxica.

La cita dice así: “De noventa enfermedades, cincuenta son producidas por la culpa y las otras cuarenta por la ignorancia.”

Ahora bien mi pregunta es. ¿Esta es la vida que nos ha tocado vivir? ¿esta es la vida que elegí o simplemente tomé una decisión equivocada?

Los seres humanos nos centramos en la búsqueda de la felicidad: Somos seres que fuimos creados para gozar, crecer, desarrollamos, cumplir nuestro propósito, satisfacer nuestras necesidades y alcanzar la tan anhelada alegría.

El ser humano tiene necesidades básicas que requiere desarrollar para poder vivir libre de culpas y así bloquear cada obstáculo que intente detenerlo. Aquí te hago mención algunas de estas necesidades:

  • La necesidad física: podemos satisfacerla cumpliendo determinadas pautas tales como comer sano, practicar ejercicio o realizar controles médicos periódicamente.

 

  • La necesidad emocional: el ser humano es un “ser social” y, como tal, debe establecer vínculos sanos con su entorno, recordando que puede compartir con otros pero sin dejar de ser él mismo. Aquellos que saben elegir y relacionarse con pares que agregan valor a su vida, ·alcanzan un bienestar emocional saludable que les permite sentirse plenos y aptos para crecer y desarrollarse dentro del sistema cultural en el cual están inmersos.

 

  • La necesidad intelectual: ésta se satisface a medida que vamos creciendo y nos vamos nutriendo de sabiduría, desechando paradigmas erróneos, eligiendo mentores y expandiendo nuestra mente con creencias verdaderas.

 

  • La necesidad espiritual: todos los seres humanos nacemos con un espíritu que requiere ser alimentado. Tal vez te preguntes: ¿Cómo hacerlo? Esta necesidad se satisface sirviendo a Dios, descubriendo el propósito de nuestra vida y desarrollando una fe sólida que nos permita avanzar y sortear los obstáculos que puedan presentarse. Cada uno de nosotros hemos nacido con un propósito único y especial, con un sueño que sólo nosotros mismos podemos cumplir.

 

Cuando una de las áreas de nuestras vidas no alcanza toda su capacidad de expresión nos sentimos con culpa, nos volvemos vulnerables a la queja, a las demandas y a la manipulación. Si le damos permiso a la culpa para que crezca y ocupe cada vez más espacio dentro de nuestras emociones, ésta se convertirá en la causante de una depresión o un conflicto emocional que sabremos dónde empieza pero nunca sabremos cómo termina.

De hecho los seres humanos hemos sido manipulados a través de la historia con doctrinas y creencias de culpa. Ya nacemos programados así. Cuando miramos hacia lo que llamamos el pecado original. Desde el comienzo de la humanidad, a partir de la misma creación del primer hombre, Adán, la culpa y la victimismo se metieron en el ser humano.

La primera culpa nació en Adán por haberle hecho caso a Eva y haber comido del fruto prohibido. Entonces, por culpa, Adán comenzó a tapar su cuerpo: ya no podía mostrarse desnudo delante de su Creador. Por culpa de Eva, dice la historia, Adán cayó.

Ahora bien: ¿a dónde quedó la capacidad de Adán para decidir comer o no esa manzana? ¿Fue Eva la victimaria y Adán la víctima?

Sin darnos cuenta, el hombre comenzó a llenar ese Edén con culpables e inocentes, con víctimas y victimarios y se predispuso a vivir y a asumir culpas ajenas, transformando una vida de libre albedrío en una vida culpó gena llena de sacrificios, ritos y frustraciones innecesarios.

¿Qué sucede cuando una persona experimenta sentimientos de culpa?

Sufrirá privaciones. Dirá frases tales como:

  • No tengo tiempo para mí
  • A mí sí me gusta lo que estoy haciendo, pero no vale la pena
  • No lo puedo lograr, mi familia nunca pudo alcanzar este sueño
  • Son dichos y emociones culpó genas, culpas

Desde el momento en que un obstáculo bloquea tu sueño y afirmas que no tienes capacidad para llevarlo a cabo, vives con culpa. La culpa es la emoción más obstaculizadora en el camino de los anhelos y objetivos.

La culpa te hará sentir que no eres merecedor de esos beneficios, que tu deseo es mucho para ti, y, en medio de un mundo en el cual cada ser humano trata de obtener ventajas y de aprovechar al máximo cada oportunidad, te sumergirás en la culpa, dejando que otros tomen lo que es tuyo.

Acto seguido detrás de la culpa con esto llega el auto reproche. El auto reproche es un sonido interno y continuo que te hablará y te pedirá recibo por cada palabra que pronuncies. Se trata de una voz difícil de acallar, de una voz que detiene tu avance y te aleja de tus objetivos.

De una voz demandante y quejosa a la que nunca podrás conformar, hagas lo que hagas, a menos que afirmes tus determinaciones y convicciones. Es un eco constante. Se trata, en síntesis, de esa voz amenazante que cada mañana, al levantarte, deposita en tu mente el primer pensamiento negativo del día:

  • ¿Cómo lo voy a hacer?
  • ¿No es mucho para mí?
  • ¿Por qué tomé esa decisión?
  • ¿Para qué hablé?

Es una voz que intenta vivir en ti y a la que sólo tú autorizas la permanencia. Es una voz que constantemente replica en tu mente, te atormenta y obsesiona con un único pensamiento uniforme: tú no puedes, nunca serás lo suficientemente bueno para alcanzar tu meta.

Y que decir de los pensamientos de escasez o pensamientos rígidos: Quienes viven con culpa establecen dentro de sí pensamientos rígidos, normas inflexibles y principios imposibles de alcanzar cuyo objetivo final es boicotear el éxito, obligándose así a vivir en medio de un fracaso continuo.

Se trata de pensamientos que terminan haciéndote creer que el objetivo fundamental de tu vida es permanecer y subsistir como puedas, distrayéndote de esta forma de lo fundamental de la existencia: crecer, multiplicarte y cumplir tus sueños.

Esta estructura de pensamiento se detendrá en los errores o fracasos que por los que hayas atravesado sin recordar ningún obstáculo ni circunstancia difícil que hayas superado en el pasado. Nos sucede a todos: sin darnos cuenta nos sometemos a mandatos, voces internas y externas que nos colocan en un lugar desde el cual la posición de víctima o de culpable es la que mejor nos queda.

Los otros se transforman en responsables de nuestro destino y así dejamos de hacernos cargo de nuestros propios objetivos. De esta forma obtenemos el beneficio secundario de depositar en el otro toda la culpabilidad de nuestros desaciertos y desdichas y de hacer de nosotros pobres seres humanos errantes y carentes de valor y dominio propio para decidir sobre nuestro hoy y nuestro mañana.

Nos aferramos a dichos y voces:

  • Mis padres me repitieron durante años que por haberme tenido no pudieron estudiar
  • Mis padres me decían: no dejes la comida en el plato, piensa que hay chicos en África que se mueren de hambre
  • Siento culpa por haber sido abusada sexualmente
  • Me siento culpable por la separación de mis padres
  • Siempre remarcaban mis errores y por eso me sentía culpable todo el tiempo
  • Tuve un padre ausente toda mi vida y debí hacerme cargo de mis hermanos, pero no supe cómo; yo tengo la culpa de sus situaciones actuales

Todas éstas son maneras sutiles de transmitir las culpas que nos detuvieron en el camino hacia la búsqueda de la felicidad y del bienestar que nos merecemos. Son culpas ajenas generadoras de insatisfacciones continuas. Son culpas que se alimentan de mandatos externos y sociales y de emociones internas no resueltas que siguen teniendo poder y valor sobre nuestras vidas.

Hay personas que han sido criadas en familias que las han hecho responsables de la separación de los padres, de la pérdida del trabajo de la madre que en un momento decidió quedarse en su hogar para cuidarlas o de las frustraciones profesionales de sus tutores. Y así podríamos seguir enunciando los mandatos que cada familia se encargó de transmitir a tantas personas.

Se trata de creencias culturales que jamás te permitieron alcanzar ni disfrutar en absoluto de nada. Son las exigencias que demandaban que dieras más, siempre un poco más, y claro, como no pudiste alcanzar ese parámetro de perfección, terminaste ubicándote en el lugar de la víctima, acarreando culpas que no te correspondían. En este punto es necesario que nos detengamos.

Lo que decidimos escuchar y aceptar como nuestro es lo que nos enferma y nos detiene. Ten en cuenta que con lo que aceptamos, anulamos, postergamos o generamos nuestro éxito.

¿Quién maneja el control remoto de tus emociones y pensamientos?, ¿Quién decide qué pensar y qué sentir?

Sólo tú. Dependerá de ti, de tu decisión de ubicarte en un lugar de víctima o de poder sobre tu propia vida.

Las personas suelen decir:

  • El día me puso mal
  • Mi jefe me sacó de quicio
  • Me arruinaste la jornada
  • Hoy me saturaste de información

Si escuchas estas frases es porque colocaste el poder que tienes sobre tus propias emociones en los demás. Así es como son los otros quienes terminan controlando cómo te vas a sentir o qué es lo que vas a hacer.

Aceptando este trato, cualquiera podrá decirte qué hacer y qué no; los demás podrán manejarte y lastimarte con permiso, sí, con el permiso que tú les diste al ceder el lugar de control y poder sobre tu vida.

No fuimos creados para vivir de limosnas, ni lisiados de afectos. Nadie tiene derecho a castrar nuestros sueños más profundos ni a asegurar qué es lo que nos conviene o no. La felicidad y el éxito, la desdicha y el fracaso serán el resultado sólo de tus propias decisiones.

Gracias, te amo, lo siento por favor perdóname,

With Love,

Keny Aparicio